RECYCLE
La próxima edición del célebre DSM, el Diagnostics and Statistics of Mental Disorders (la Biblia diagnóstica de la psiquiatría contemporánea) recogerá el ya conocido como PRSS (Post Recycle Syndrome Stress), es decir, el Síndrome de Estrés Post-Reciclaje. Lo hará por tres razones, cuyo orden de importancia no es aparente: a) es un acrónimo conseguido y fonéticamente atractivo; decirlo (“Prsss, prsss”), relaja los músculos faciales e invita al interlocutor a saber más sobre lo que le pasa al paciente; b) todavía hay un importante sector de la población estadounidense, y occidental en general, huérfano de algún tipo de síndrome, que no le pasa nada en particular, con lo que, con esta iniciativa, se contribuye a la lucha contra esa indeseable orfandad patológica o sintomática y se abre una ventana de oportunidad a la sufriente industria farmacéutica, siempre dispuesta a proteger nuestra salud mental y física a cualquier precio (insisto, a cualquier precio); c) en las grandes urbes de los Estados Unidos cada vez más ciudadanos viven con enorme angustia el recuerdo de lo que han hecho con su basura o cómo deben afrontar su disposición futura en el corto, medio o largo plazo. Yo mismo me enfrento, muchas mañanas, en la esquina de Washington Street y Harvard con un desafío colosal ante un conjunto de recipientes que, inicialmente, tomé como un homenaje escultórico a algún prócer local, pero que resulta es nuestro “punto limpio” de Brookline Village, mi particular muro de las lamentaciones residuales.
Me consuelo. Un psiquiatra me ha participado, con toda la confidencialidad debida, del siguiente intercambio en su consulta con un paciente diagnosticado de PRSS.
“¿Qué siente al acabar el zumo de naranja?”
“Empiezo a sentir un sudor frío, un nudo en el estomago y en la garganta. Dos nudos…”
“¿Ha determinado la causa?”
“Tengo que tirar el envase”
“¿Por qué eso le resulta un problema? ¿Acostumbraba su madre cuando era bebé a hacerle recoger restos de potito en la basura? ¿Era su padre un basurero frustrado? ¿Han sido muy frecuentes los análisis de orina en su vida?”
“No, no, mi madre me dio el pecho hasta los 8 años y mi padre del Cuerpo de Inspectores de Aduanas y la orina bien, gracias… No, me angustia no saber si lo que tengo que tirar pertenece a la categoría “Compost”, “Recycle”, “Non-recyclable” o simplemente “Trash”… Algunos días he partido en trocitos pequeños el envase y me lo he ido tragando poco a poco hasta llegar a la oficina…”
“Ya veo, un caso agudo…”.
Una variante del síndrome cursa en un subgrupo poblacional que responde, grosso modo, al siguiente perfil: personas en edad madura que en su juventud se comprometieron en la lucha contra la extinción de los grandes cetáceos – o alguna causa ecológica similar-, de buena posición económica, con estudios superiores, lectores ávidos de libros de “crecimiento personal” y de divulgación científica, que han seguido una dieta radical para adelgazar (sirope, enemas de café, restricción total de carbohidratos), que sólo confían en la medicina homeopática y que leen toda la información nutricional de los productos que compran en los herbolarios y comparan los porcentajes de monosacáridos saturados. Estos enfermos son devotos del ejercicio moderado, generalmente en la forma de una práctica presuntamente ancestral proveniente de Asia que les obliga a concentrarse en su respiración, andar en calcetines y contorsionarse en una colchoneta.
La sintomatología, en este caso, es la siguiente: el paciente llega a la papelera, o al cubo de la basura, y extrae, de una gran bolsa, un conjunto de envases, papeles, latas y otros desperdicios. A la paresia facial se acompaña una subida apreciable de tensión, temblores y una penetrante y creciente jaqueca.
“El problema no es sólo la ranura que corresponde en cada caso – refiere un paciente-, pues los cubos presentan distintos tamaños, formas y colores, sino también mis dudas sobre si lo que voy a insertar allí es un polipéptido o más bien un componente en el que predomina la celulosa… Y entonces recuerdo que mi pequeña acción es contribuyente a la extinción de la especie… un paso en falso con esa lata de “clam chowder”, en la que la presencia de zinc no me parece tan clara, genera consecuencias no desdeñables, y yo, yo seré también responsable planetario… Se me aparece la Antártida plagada de coches abandonados y montañas de vetustos ordenadores, y un cormorán implorándome directamente a los ojos… Así no puedo vivir, doctor”.
Glaxo ya se ha puesto manos a la obra y este invierno lanza, bajo el nombre comercial Mierdixal (Shitix en los Estados Unidos), un ansiolítico-euforizante de vanguardia específicamente diseñado para aliviar los síntomas del PRSS. En el primer ensayo clínico, que ya ha superado la fase III, los resultados no pueden ser más prometedores. El tratamiento con Mierdixal convierte al enfermo en un individuo confiado y estable, indiscriminado en la disposición de sus residuos, capaz de ponerse la basura por montera.
La buena noticia, además, es que la administración de Mierdixal genera efectos colaterales – un estado parsimonioso de total desprendimiento en el que el paciente de PRSS deposita en la papelera ropa recién comprada, bonos alemanes a 3 años, escrituras originales de compraventa, un autógrafo de Steve Jobs y hasta el anillo de compromiso. La misma compañía ya está terminando de perfilar la medicación que los alivia. Todo un alivio.
Y no te han surgido dudas cuando pone en el contenedor de reciclaje envases "not contaminated with food residues" o algo así que me dejó perpleja el otro día y desde entonces lavo (como tú segura) todos los envases de clam chouder y hasta la bolsa de la lechuga!! yo creo que total, lo deberiamos tirar todo junto, porque he visto al camión de la basura varias veces recogiendo todos los contenenedores a la vez!!! vivir para ver...
ResponderEliminarHe aquí un caso claro:
ResponderEliminarhttp://www.xkcd.com/885/
Muy bueno, Diego (por cierto, ¿te conozco?), y gracias Amalia. Estoy por reescribir la entrada con vuestras aportaciones...
ResponderEliminar¡Excelente! Más en vísperas del Día de Todos los Santos...
ResponderEliminarComo a la mitad del texto se me ha venido a la cabeza Steve Jobs, quizá por aquello de la dieta y la meditación orientaloide. Cuando lo he visto al final, asociado a Mierdixal (me enteré el otro día de que, entregado a su dieta purificadora, apenas sudaba, de modo que apenas se duchaba un par de veces al mes), me ha dado como una risa tonta no exenta de cierto repelús (por la cosa de los difuntos, se entiende): dios lo tenga en su gloria.
Pablo: soy tu amiga Mónica. Muy bien! Has entendido todo. No corrijas nada, y sigue así: fiel a ti mismo. Eres un fenómeno q los sufrientes del DSM, arduamente liberados, agradecemos. Ya era hora de q alguien hablara en voz alta de los mierdaxiles (reedición de la mierda de toda la vida), y de tantas comedias con resultado de drama. Ánimo y ¡adelante!
ResponderEliminarTenemos amigos comunes :) ¡Me encanta tu bloge!
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