LUCY
(¡NUESTRA GATA LUCY SE HA PERDIDO! ¡Por favor ayúdennos a que vuelva a nuestra casa de la calle Linden! (esta es una vieja foto – Lucy ahora pesa más y está más prieta y con pelo). Lucy se perdió ayer (viernes) por la mañana, 30 de marzo. Es una Calico y tiene dos años y medio. Es una gata casera así que probablemente esté aterrada de estar en el exterior. Si la ven y escapa, por favor llámennos y acudiremos a recogerla. ¡Muchas gracias! Ginnie, Kathy, Katie, John y Meg. 12 Linden Street 617 277 2384). Miau. Soy Lucy, la gata Calico de la foto. Es para mondarse. En fin, vamos por partes. No me he perdido, me he pirado harta de esa familia de histéricos encabezada por Meg, la pequeña, que está todo el día tratándome como si fuera imbécil y empeñada en que beba leche de avellanas – que es como decir vino de manzana- para cuidar mi línea. Ella, ella es la que anda a todas horas persiguiéndome para que haga abdominales, ella, a la que sus amigas en secreto llaman “Mega”, y no les tengo que explicar por qué. Y el caso es que la niña empezó haciendo de modelo infantil y salió en la tele y todo anunciado yogures. Aterrada estoy de seguir en ese barullo de casa de la calle Linden. No se si han oído ustedes hablar de Samuel Cartwright, un médico de Louisiana que allá por 1854 calificó como una tendencia “patológica” el irrefrenable ansia de escapar que tenían muchos esclavos negros: "drapetomanía" lo llamó el tío (y no, no empiecen ahora a abrir otra ventanita para buscar este dato en Wikipedia, yo les doy mi palabra de gata de que es verdad lo que les digo). Pues lo mismo padezco yo. "Inside cat", "inside cat"... tiene bemoles el tema, esto es como si decimos que los niños que se mueren de hambre en el Tercer Mundo son inapetentes.
Y es que el cartelito de marras con el que han sembrado las aceras de Brookline miente desde la primera palabra: “Our”, “nuestra”. ¡Pero habrase visto! Estos disfuncionales se creen que soy de su propiedad. Y todo porque un día al pediatra que trataba al pre-delincuente de John se le ocurrió que, para suscitar su empatía “aletargada”, debían comprarse una “mascota”. Y aquí me tienen, 6 años después, sin haber suscitado nada. Y John ya hecho todo un delincuente, un día sí y otro también arrestado por actos vandálicos varios. Y Kathie, su madre, insistiendo en que todo ha sido su culpa por haberle parido por cesárea. Y ahora insiste en que yo necesito un “psicólogo de gatos”, bueno, “psicóloga”, porque según ella la perspectiva de género es muy importante. Qué manía les ha entrado con que estoy deprimida.
Bueno, a Ginnie, el padre y a Kathy, la mayor, les importó un rábano en el fondo. Él dice ser quiropráctico y tortura en casa. Me consta que se propicia a tres de sus clientes, en la propia salita junto al dormitorio conyugal. Y Kathie en Babia, mejor dicho, en sesiones de “retrocesión” con un sanador tradicional de origen nigeriano que la ha persuadido de que en sus otras vidas fue una reina inca que practicaba sexo en grupo. Y Kathy… lo de Kathy es todo virtual, sus quehaceres, su higiene, su actitud, su vida al fin, que discurre ya casi sólo en una pantalla junto a 5 ordenadores, si he contado bien, y varias multi-copiadoras de DVDs. Y los padres pensando que tienen una pequeña Steve Jobs en casa. El día que aparezca el FBI se caerán definitivamente del guindo.
Así que ustedes me entenderán si les ruego que me dejen en paz si me ven por ahí, disfrutando con los gatos arrabaleros de Brookline, persiguiendo ratones, escarbando entre la basura, haciendo el amor en los tejados, compartiendo raspas de sardina del atlántico norte. Aunque dudo que me reconozcan. La foto es horrorosa, recién levantada, sin haberme aseado ni nada. Y el pelo, sí, tengo más, como se dice en ese cartel ignominioso, pero teñido, que me habían salido canas por el encierro. Y no es plan. Miau.
¡¡¡RE-MIAU!!!
ResponderEliminar