lunes, 17 de octubre de 2011

WEEKEND
Cuando Violet, la colosal Condesa de Grantham en la maravillosa serie británica Downton Abbey, conoce a Matthew, el lejano sobrino que heredará todo el patrimonio familiar, uno de los elementos de su vida que más le perturba es el hecho de que trabaje, aunque Matthew apostilla que cuenta con los fines de semana para desplegar otras actividades. “¿Fines de semana? ¿Qué son los fines de semana?” pregunta la Condesa con aparente ignorancia.
Casi 100 años después y bastante lejos del condado de York, aunque en un lugar con reminiscencias inglesas, en la Nueva Inglaterra en la que vivimos, la pregunta es rabiosamente pertinente.
“Amor, nos han invitado los Kuchonksy a un second coffe el sábado 13 de marzo de 2017”
“Pero, ¿no es ese el día que tenemos el early brunch con Nathaniel y Josh?”
“Yo creo que nos dará tiempo a llegar, aunque recuerda que estamos luego emplazados a un light snack en casa de Saul Levy e Indira con los niños y todo”.
“No sé si podremos, a esa hora el Mass Pike está hasta arriba, y siendo sábado… La última vez nos llevó hora y media…”
“Uff, con la de veces que hemos cambiado esa merienda, que ya están avisados los Bachman, los Brock y los Di Tella que llegan de Nueva Delhi esa misma tarde”.
Una división cada vez más fina de las comidas que típicamente uno hace al día (cuando yo era pequeño eran cuatro, desayuno, comida, merienda y cena, y luego sólo tres) permite vivir con la ilusión de que en un mismo día es posible visitar esa cantidad de personas que se mencionan en esa conversación no tan ficticia. Antaño, las posibilidades eran la comida y la cena y eso daba ocasión para sobremesas prolongadas – que se pueden acabar convirtiendo deliciosa y relajadamente en merienda y posterior cena- o copas hasta el amanecer. Antaño uno tenía “una” cuadrilla de amigos y “una” familia más o menos nuclear (que por supuesto no se ramificaba genética o gestacionalmente, ni por descubrimientos sobrevenidos de una nueva identidad sexual). Ahora, en estos pagos en los que nos encontramos, una jornada sabatina (no se pierdan la ironía) no tiene nada que envidiar al programa de actividades del CEO de Amazon de un día cualquiera. Piensen ustedes que la estampida empieza a las 7:00 yendo al partido de Lacrosse del niño, y acaba a eso de las 22:00 recogiendo la cena del programado convite en casa para “ver a la familia” (los consuegros de la ex del tío segundo del concuñado que vendrán como supervivientes de un parecido periplo social y viario). Cientos de kilómetros, decenas de litros de gasolina, 15 horas de sociabilidad sin tregua.
Los fines de semana han dejado de ser los fines de semana para convertirse en una prolongación del frenesí laboral semanal sólo que en versión “ver – no mucho más cabe hacer- a los amigos y/o familia”. No debe sorprender al bisoño visitante de estas tierras que en algunos de esos “encuentros con amigos”, el anfitrión haya dispuesto también un ordenador portátil para que, entre canapé y canapé, sus invitados puedan hacer Skype con otros “entrañables amigos” que pueden eventualmente estar de vacaciones con sus familias o amigos en la Isla de Nueva Caledonia, pero que se sienten igualmente urgidos a seguir de alguna forma “viendo” al resto de sus otros “amigos” desplegados por el ancho mundo. Hay quien ha reclamado, a la sultán de Brunei, haber llegado a la cifra de 1.500 amigos. En Facebook, claro. He oído que pronto la dicha aplicación Skype va a permitir tener hasta 20 conversaciones de vídeo simultáneas. Parece que el software necesario llevará como nombre el del legendario realizador de la televisión española Hugo Stuven. ¿Han hecho ustedes, amables lectores, Skype alguna vez? ¿No les ha sorprendido que su video-oyente dirige su mirada hacia las esquinas o laterales de la pantalla? Está viendo, en otra ventana, qué hay de nuevo en Youtube, y, en otra, terminando de mandar una receta de cocina a su prima. Y el móvil al alcance, claro, y la televisión y la música puestas.  
A la vista de las dificultades que afronta la pareja del siglo XXI para sobrevivir a esa tela de araña social en la que se ve atrapada los fines de semana, la Universidad Taco Bell y la Universidad Cid Campeador de Zamora, con una gran visión de futuro (y presente) y tras haber hecho un exhaustivo estudio de mercado, acaban de lanzar el Master en Ciencias del Fin de Semana (MSC in Weekends), con un currículo único que posibilita la obtención del título de PACWM (Personal and Family Counseling in Weekend Management) y que, para este primer curso académico, cuenta con un programa de estudios atractivo y estimulante que cubre materias como, entre otras: “La excusa de la gripe: modulación de la voz y coherencia en la descripción de los síntomas (I)”; “La llamada imprevista: Gestión. Psicomotricidad en el trance de salir precipitadamente. Gestualidad”; “Por el interés te quiero Andrés: un análisis sociobiológico de la captación social en el súper y a la salida del cole”; “Cita seria y cita por decir: modelos algorítmicos para la determinación”; “Genealogía, tipología y anatomía del bostezo”.
Un Personal and Family Counselor in Weekend Management es, ante todo, un PROFESIONAL al servicio de nuestros intereses. Su primera tarea consistirá en elaborar un profile: quiénes somos, de dónde venimos y qué coño nos proponemos. Para ello, se instala en nuestra casa, cual convidado de piedra, y escruta nuestra vida diaria: nuestras alegrías, penas, broncas y miserias, para construir así un portafolio de amigos de fin de semana con los que interactuar, así como un conjunto de temas – redactados en amables y sintéticas fichas que el profesional elabora- que aprenderemos de memoria para cada ocasión y que garantizan nuestra brillantez, oportunidad, ocurrencia y relevancia en la conversación: “Con los Sachs conviene mucho evocar el mundo de la disección en el Antiguo Egipto y evitar a toda costa la paridad en las listas electorales, la pena de muerte y la nueva cocina mediterránea; en cambio los Edmonson gustan del cine clásico checo y los coches antiguos, pero ni se os ocurra mencionar la palabra “globalización” o recordar las actuaciones de Los tres tenores o interrumpir a Fred cuando cuenta su visita al mausoleo de Lenin”. Y así.
Junto a ello, se nos adiestra en todo un conjunto de técnicas tanto para el escaqueo ex ante o in situ (conseguir que se nos autorice a echarnos la siesta en algún diván, o jugar al Lego con los niños o fregar todos los cacharros desde el desayuno de la semana anterior), como para lograr una máxima productividad en la actividad “ver a los amigos”: desde trucos para la digestión veloz al estudio de las carreteras secundarias del condado, pasando por los desdobles, el friends merging y el multidate.
En definitiva, las nobles instituciones académicas citadas se han encomendado a la laudable tarea de lograr acercarnos al viejo anhelo humano que con tanta precisión y síntesis identificó el novelista y político inglés del siglo XIX Benjamin Disraeli: “Mi modo de ser exige o perfecta soledad o perfecta compañía”. Seguro que la Condesa de Grantham, de haber podido, lo habría votado.

3 comentarios:

  1. Simply brilliant, querido Pablo. No sé con cual hallazgo quedarme: el portafolio de amigos, el escaqueo in situ o el máster de la Universidad Cid Campeador. Un abrazo mercoletino, Rafa T.

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  2. Genial, Pablo. Describes tan bien la agenda bostoniana que me entraba agobio mientras leia. Lo de las técnicas del escaqueo me ha recordado un programa desternillante en la radio de Moncho Alpuente, que se llamaba "Manual del perfecto absentista". No dices si en ese maratón de "sociabilidad sin tregua" se bebe mucho. Imagino que sí, "para hacer más interesantes a los demás", como confesaba G.J. Nathan. Además del antídoto del humor, en el que tu eres un maestro, hay que reivindicar para el ocio (tiempo libre colonizado) lo que Paul Lafargue reclamaba frente al trabajo: el derecho a la pereza. Como se que que me perdonas el abuso de las citas, acabo con el epitafio que Antoine de Rivarol escribió para sí y que no me importaría plagiarle: "Antes que la muerte nos lo había arrebatado la pereza". Un abrazo.

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  3. Confieso sentir celos de vuestra extensa lista de amigos, hoy soñé con vosotros por cierto, estábamos de excursión con nuestros vástagos en una extraña pero bella laguna. Confieso sentir extrañeza ante tu repentina pasión audiovisual, que tú escribas críticas televisivas y yo pseudo-filosofía manda huevos, cómo decía el aquél excelso ministro. En fin, dentro de unos meses volveremos a la normalidad.

    PD: O me mandas los post o se me acumula el trabajo

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