sábado, 4 de febrero de 2012

SUPERBOWL

Las neveras a reventar, los hornos ya precalentándose, la tele ajustada y el sonido comprobado, la familia avisada, los dedos cruzados, el supermercado ya visitado pues esta noche no habrá quién consiga una bolsa de patatas fritas… ¿Es que llega la revolución bolivariana a nuestras costas? ¿Acaso el régimen iraní terminó con los últimos preparativos y dispone ya del arma nuclear apuntándonos? No. Mañana, a las 18:30, en el Lucas Oil Stadium de Indianapolis, se juega la final de la Superbowl entre los “New England Patriots” (los nuestros) y los “New York Giants” (los de ellos).
Los rasgos excesivos de la cultura estadounidense se encapsulan en este acontecimiento único, la enormidad se traslada a toda las cifras que uno quiera valorar, desde el número de espectadores, hasta la cantidad de salchichas ingeridas, pasando por el gasto en publicidad televisiva, o las dimensiones de nuestra estrella Rob Gronkowski, cuya participación peligra por una inoportuna lesión en el tobillo (no es de extrañar si tenemos en cuenta que el gachó mide 2 metros y pesa 120 kilos lo cual no le impide desplazarse a toda velocidad balón ovalado en ristre, o interponerse cual muralla china ante los gladiadores contrarios). Durante toda la semana se nos ha informado puntualmente, y con la frecuencia del famoso parte de Radio Nacional de España, de cómo la hinchazón se iba reduciendo gracias  a los muchos remedios anti-inflamatorios y masajeos de expertos fisioterapeutas. El tobillo de Gronkowski ha hecho desaparecer de la escena a cualquier otro acontecimiento que pudiera considerarse de importancia cósmica – ya saben, la visita de Artur Mas a La Moncloa, el posible recurso a la sentencia en el caso Gürtel o la pugna entre Chacón y Rubalcaba-, como en su día las descripciones de las “heces en forma de melena” con las que se nos informaba de la evolución gastrointestinal del Generalísimo, oscurecieron (oops, perdón) la progresión de la marcha verde hacia el territorio saharaui.

En estas horas previas al enfrentamiento se recuerda el desconsuelo producido en la temporada 2008 cuando “los nuestros”, contra todo pronóstico, cayeron precisamente ante “los de ellos”, impidiéndoles cuajar una “temporada perfecta”. El partido de mañana es ciertamente une vendetta cósmica entre las fuerzas del bien (nosotros) y las del mal (ellos) por habernos arruinado el “encuentro con nuestro destino” hace ahora cuatro años.
A nuestro quarterback, el apuesto Tom Brady, que el año pasado ganó 30 millones de dólares, el destino le deparó el encuentro con Giselle Bündchen, una mujer brasileña que, por lo que he podido investigar, ha desempeñado alternativamente el cargo de Embajadora de buena voluntad para el programa de Naciones Unidas del Medio Ambiente y el de Ángel de Victoria’s Secret. En una entrevista para la revista Harper’s en el año 2010 declaró que todas las mujeres del mundo deberían estar obligadas por ley a dar el pecho. A lo largo de esta última semana, lo que ha pedido a sus familiares y amigos es que manden, a través del correo electrónico, “toda su energía positiva” y “rezos” para su marido ante el destino que le aguarda mañana.   

Una gran agitación se vive también en las llamadas “redes sociales” con motivo de la actuación de Madonna en el intermedio del evento. Ya saben que en el año 2004 la cantante Janet Jackson, comisionada para una similar tarea, montó el numerito, en sentido estrictamente literal, cuando su pareja de actuación, Justin Timberlake, le arrancó sostenidamente el sostén para mostrar a la audiencia cósmica el decorado pezón de la Jackson. El desde entonces llamado “Nipplegate” acabó, por supuesto, en los tribunales, allí donde todo lo serio y lo no serio desagua en este país. El ciudadano Eric Stephenson, un abogado de Utah (pésima combinación), demandó a la emisora del evento por “publicidad engañosa”. Stephenson, y sus tres hijos menores, pensaron que el espectáculo consistiría en “bandas, globos y celebraciones patrióticas”. Quien sabe si en realidad la Jackson no quería sino ejemplificar la importancia del mandato universal de lactancia que promueve la Bündchen (yo se lo habría sugerido como estrategia defensiva por una centésima parte del salario de Brady), pero en todo caso la demanda fue desestimada porque Stephenson equivocó el foro.

Lo que sacude a las redes no es si habrá también ahora una secuela lacto-cósmica, sino con qué canción debe Madonna rendir homenaje a los ochenta como tonadilla más representativa de la época en que reinó. Las casas de apuestas de las Vegas y las encuestas online están que arden: que si “Like a Virgin”, que si “Material Girl”. Yo por mi parte considero que la elección es diáfana: una versión actualizada del “Boys, boys, boys” (qué mejor contexto), aquella inolvidable canción con la que Sabrina Salerno nos sacudió un tetazo catódico en la Nochevieja de 1988. ¿Se acuerdan? ¿Recuerdan, sobre todo los boys, boys, boys, cuántas veces rebobinaron el vídeo? ¿Se imaginan cómo habría sido el “impacto” en la casa de los Stephenson?

En fin, todo lo demás, el juego, y las estrategias y jugadas y lances, mañana. Es lo de menos, por otro lado…

No hay comentarios:

Publicar un comentario