Desde los cuentos de Canterbury hasta las novelas de Coetzee; de los bardos celtas a Bob Dylan; de Shakespeare a David Mamet o a Woody Allen; del Tratado de la Naturaleza Humana de David Hume a los escritos de Jefferson en The Federalist, pasando por El viaje del Beagle de Darwin, el idioma inglés, la lingua franca con permiso del chino, ha sido el vehículo para la expresión de los más conmovedores sentimientos, los anhelos más profundos, las más altas aspiraciones y las más sofisticadas bromas o descripciones del mundo que nos rodea.
And yet, en el idioma inglés habitan algunas palabras que, por su carácter traicionero, deben ser inmediatamente derogadas o modificadas. Por Decreto-ley si hace falta.
La razón de esta medida está en que una leve, levísima incluso, diferencia fonética precipita una divergencia semántica de notables consecuencias – cósmicas, incluso- sobre el mensaje transmitido, y, con ello, sobre el relieve moral del hablante y las expectativas futuras en cuanto a su comportamiento. Los tres escenarios que describo a continuación ilustran bien lo que quiero decir y permiten desde ya tener nuestras tres primeras candidatas a la modificación o derogación en su caso. Las palabras en cuestión son “beach”, “dessert” y “pusey”.
Primer escenario: a finales de la década de los 80, principios de los 90 (no recuerdo exactamente el año, aunque sin duda era verano) la familia de Lora (o sea la mía) llega al elegante hotel “The White Elephant” en la encantadora isla de Nantucket (Massachussetts). El patriarca de la familia, o sea mi padre, mostrando una urgencia incomprensible (nunca gustó de las arenas ni del nadar) inquiere aceleradamente al conserje por la playa más cercana. Lo que quería decir, en inglés, es:
“Excuse me, where can I find the nearest beach?”
pero lo que dijo, en (su) inglés es:
“Exqius mi, guer can ay fain de nirest bich”
Y lo que entendió el conserje fue:
“Excuse me, where can I find the nearest bitch?”
Lo que traducido al español significa:
“Disculpe, ¿dónde podría encontrar la puta más cercana?”
La presencia de una señora que bien podría ser su mujer (lo era efectivamente) y dos jovenzuelos que bien podríamos ser sus hijos (tal era el caso) que no se inmutaban ante la apremiante demanda de mi padre, bien explica la paralizante confusión, el cortocircuito verbal que durante unos eternos segundos sufrió el conserje del hotel. Y lo peor del caso es que cuanto más se afanen ustedes en procurar decir “playa”, o sea, “beeeeeeeeeeaaaaaaaaaaaach”, y no “puta”, o sea, “bich”, más probabilidades hay de que la cosa acabe yendo de “putas”. Ello me permite postular la siguiente ley universal del manejo de la lengua inglesa: “el deliberado y premeditado esfuerzo fonético es inversamente proporcional al éxito semántico”.
Segundo escenario: este es más reciente. Hará un par de semanas fuimos invitados a una fiesta junto con unos muy buenos amigos españoles que también andan por aquí. Sabedores los anfitriones de que pertenecen a un grupo de baile folclórico en su ciudad de residencia, fueron emplazados para que nos bailaran una jota. Antes degustamos una opípara cena, y este amigo nuestro andaba todavía terminando el postre cuando llegó la hora de su baile. Ni corto ni perezoso se puso a ello, junto con su mujer, mientras el resto de invitados asistíamos admirados a su despliegue de coordinación. A los cinco minutos, tras varias vueltas y volatines, quiso decir:
“Now is difficult, with all this dessert”
Pero lo que dijo (en su inglés), mientras se frotaba el estómago buscando la complicidad compasiva del auditorio es:
“Nau is dificult, wiz al dis désert”.
El auditorio no entendía muy bien porqué nuestro amigo aludía a la existencia de un “desierto” en su tripa, hasta que alguien cayó en la cuenta de que se refería al postre.
Tercer escenario: esta misma mañana acudí a la excelsa Widener Library, la joya de la corona de la Universidad de Harvard donde tenía que encontrar un libro. De acuerdo con la base de datos el libro se encuentra en un depósito de nombre “3 Pusey”. Ni corto ni perezoso, me dirijo al bibliotecario apostado en el “reference desk” – un tipo con pinta de trabajar en Trader’s Joe- y le quiero preguntar:
“How can I get 3 Pusey”. Nada más decirlo, justo cuando ya no hay remedio y él empieza a esbozar una sonrisa que luego se tornó en amplificada risilla, cuando ya es imparable la bola de nieve que en forma de chascarrillo para deleite de sus compañertes acabará siendo mi ingenua pregunta, caigo en la cuenta de la traición. Si hubiera dicho:
“Jau can ay get 3 piusi”, y no “Jau can ay get 3 pusi”, el bibliotecario no me habría tomado por el sátiro vicioso que le pregunta “cómo conseguir tres coños”. Coño.
En fin, que ni mi padre en Nantucket.
Corolario: eviten a toda costa estas traicioneras palabras, y si resulta que se encuentran en la Widener Library del desierto de la isla de Nantucket y alguien les invita a bailar una jota después de almorzar, sencillamente no hablen.
En carne propia, yo lo he sufrido con:
ResponderEliminarshit y sheet... could you give me a piece of that sheet?
claro que al contrario también les ocurre. estando en una cena, el padre de un colega me preguntó delante de su mujer (y otros invitados) si había muchos sitios en madrid para tomar "tapas". lo dijo con una pronunciación poco clara, no pronunciaba la a, de forma que entendí "top less". Yo, muy apurado, dije que sí, que había muchos sitios de top less en madrid. Su mujer me miró realmente mal.
Excuse me, I think I'm desurinating...I'll give you an ironic answer later JAJAJAJAAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJ
ResponderEliminarMe encanta, "desurinating"... (seguro que en francés hay materia también para el diccionario). Fernando, sin duda sheet acaba de engrosar el "diccionario del traidor léxico inglés", con todos los honores. Buenísima la anécdota.
ResponderEliminarTu padre debe sentirse orgullosos de un hijo que ha triplicado la herencia en un pispás.
ResponderEliminarComo siempre, un magnífico postre para cerrar la semana.
Recuerdo a una profesora francesa al entrar en el salón de actos de mi instituto: -"Estoy hecha un polvo..."
ResponderEliminarPablo,
ResponderEliminartodos lo hemos sufrido: yo he pedido jabón por sopa (soap en vez de soup) miles de veces.
Pero si de enredos lingüisticos se trata, creo que cualquier español quedará soprendido al saber que en Chile todos jugamos en la Polla Chilena de Beneficencia... nuestros juegos de azar. Así mismito. Googlee usted o vaya directamente al sitio www.polla.cl, y verá que es cierto.