lunes, 7 de mayo de 2012

CREDIT

A los filósofos aficionados, como este humilde servidor de ustedes, nos encantan las paradojas: ¿puede una aspiradora aspirarse? (¡oh!) ¿Puede Dios hacer una piedra tan grande que ni él mismo pueda levantarla? (je, je) ¿Si un grano no hace un montón de arena, y dos tampoco, tres tampoco… tres mil trillones tampoco? (¡hala!); Yo cretense afirmo que todos los cretenses mienten (mmm). Y así tantas y tantas que, con distintos nombres (a veces debidos a un griego ocioso dado a hacerse paradojas mentales), han ido jalonando el pensar filosófico a lo largo de la historia. Hoy les presento una variante del género “paradoja de la circularidad”, por cortesía de GE Capital Retail Bank, Creditor. Con todos ustedes (chan, chan…): la “paradoja del crédito”.

Cuando abrí el buzón y vi una carta procedente de Orlando pensé: ya se han enterado los del ratoncito que nos vamos pronto y quieren que pasemos por caja. Pero no, no era publicidad de Disneyworld sino de esta compañía que les he mencionado a la que no tenía el gusto. Un individuo llamado Credit Manager (cosas peores se han visto tipo “Darwin Antonio” o “Condoleeza”) me informa, con un pesar genuino, que habiendo recibido una solicitud de una línea de crédito (“credit program”) por mi parte, en este momento no podía ser satisfecha. Al alivio (uff, no dice “jamás” sino “at this time”) siguió la perplejidad. ¿Cuándo he pedido yo una línea de crédito? Los mortales pedimos créditos, y, “líneas de crédito”, o “ayudas públicas para inyectar liquidez en el sistema financiero”, los consejeros delegados de los bancos. ¿A ver si Rato me ha falsificado la firma? Seguí leyendo y ya caí en la cuenta. Había solicitado un crédito aquella mañana de sábado en la que una amable asiático-americana dependienta del GAP de Harvard Street, tras preguntarme si lo había encontrado todo bien (como si realmente quisiera un informe completo sobre el local, el género, sus uñas de manicura francesa, o incluso mi estado de ánimo aquella mañana) me dijo si no quería sacarme el carnet de GAP, o tarjeta o blasón, ustedes me entienden, para, de esa manera, pagar 30 dólares menos en la factura.  Suelo decir que no cuando me tientan con estos carnés. Entre otras razones porque me viene a la mente el gesto de quienes, delante de mí en la cola, se disponen a pagar en uno de estos establecimientos, y pasan tarjetas y tarjetas – como una echadora de cartas- hasta llegar a la que les ha fidelizado con el sitio en cuestión (que puede ser desde un restaurante de comida rápida hasta una tintorería, pasando por una óptica o la cadena de perfumerías Gilgo). Si lo piensan un poco es como si delante de su novia o pareja mostrarán impúdicamente todo su arsenal de cartas de amor de antiguos amores, ¿o no?

Pero en fin, sea como fuere, esa mañana tenía yo baja la aversión al riesgo, y, oiga, que 30 dólares son 30 dólares. Así que dije que sí. La amable dependienta de uñas de manicura francesa se puso a teclear frenéticamente en lo que pensaba era meramente una caja registradora – pero que resultó ser más bien el oráculo de Delfos- y tras unos minutos me dijo que mi solicitud había sido rechazada. Y claro, me vino a la mente aquella genialidad de Groucho Marx, también dulce e inteligentemente paradójica: jamás me integraría en un club que tuviera como socios gente como yo. Pero de lo que no fui entonces consciente es de que había pedido un “credit program”.

Credit Manager de Orlando me informa del resultado del concurso – ya enseguida descubrirán porqué lo digo- en un modo en el que se ha eliminado todo residuo de narración. Hay varias opciones denegatorias – entre las cuales no figura, por ejemplo, ser CEO de algún banco de inversiones de Wall Street- y Credit Manager se ha limitado a marcar con una cruz en la casilla correspondiente a: “nuestra decisión se ha basado en parte en un sistema de puntuación de crédito usado para evaluar su solicitud. La razón o razones por las que no puntuó suficientemente bien en comparación con otros solicitantes se indican a continuación: carecemos en nuestros archivos de suficiente historial de crédito”. Más claro agua: no tengo crédito.

Pero hablando de agua, el procedimiento de Credit Manager y G. E. Capital Retail Bank, Creditor, también me trajo a la memoria nuestras desdichas en natación sincronizada contra las rusas, y, qué quieren que les diga, me he sentido un poco como Gemma Mengual. Me dan ganas de escribir a Credit y pedirle explicaciones por mi “score” e inquirir a qué otros pelagatos les han puntuado por encima. Pero luego, cuando sigo leyendo, veo que el juicio de Credit se ha basado en ciertas “credit reporting agencies” cuya dirección me facilita ya como diciéndome: “reclamaciones al maestro armero”.

Y lo que me dan ganas de escribirles a estos amigos es que me expliquen cómo resuelven lo que podríamos llamar la “paradoja de la primera vez”, es decir, que si me deniegan un crédito porque no consta en ningún sitio que jamás me otorgaran uno ¿cómo a alguien le pudieron conceder el primero? O mejor, que no me lo expliquen que me voy a deprimir más.

Pero es que, bien pensado, la cosa puede ser todavía más kafkiana: ahora alguien, algún otro Credit Manager de estos, sí va a encontrar en mi “credit history” el estigma de mi descrédito, y seguirá así creciendo la bola que empezó, ingenuamente, en un GAP adonde acudí porque me hacían falta calzoncillos. Y todo por ahorrarme 30$. Maldita mi sombra…

3 comentarios:

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  2. Míralo por el lado bueno: antes no eras nadie, nada. Hoy ya eres todo un cliente con historial. Fíjate en Rato (has resultado profeta): de fracaso en fracaso hasta la cumbre absoluta. Y empezó así, comprando unos calzoncillos y dejándose embaucar por una ninfa de uñas sedosas. Quién te dice a ti que no vas a estar mañana al frente de Credit Manager...

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  3. "-¿Me presta 30$? -Pero, si no le conozco de nada. -Precisamente por eso se lo pido a usted."

    Sí, a los filósofos nos gustan mucho las paradojas lógicas; nos entretenemos con ellas en las clases, pero en la vida real estamos tan inermes como tu ante el GE Capital Retail Bank. Como decía Hume: los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica... ni causan la menor convicción.
    Un círculo lógico sólo se puede romper desde fuera, dogmáticamente, como Alejandro cortó el nudo gordiano. En tu caso, quizás, ligando con la atractiva dependienta. A ver si Hollande rompe el círculo paradójico que nos está ahogando: "Demostraremos al mundo que somos prósperos aunque tengamos que arruinarnos para ello". Por lo menos que le corte algo a Rajoy y a Merkel.
    Bueno, Pablo. Si no te abren la línea de crédito, yo te puedo prestar los 30$. A pesar de conocerte. Si Jabo tiene razón, ya me lo devolverás en preferentes.

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