BEISBOL
La escena parecía sacada de una
viñeta de Charlie Brown, el creador de Peanuts
(Snoopy en nuestros pagos). Unos
niños – ocho o nueve años- perfectamente ataviados y pertrechados. Un público
atento como si estuviéramos en una final de las grandes ligas. Un campo de
césped impoluto y líneas perfectamente trazadas. Un equipo arbitral que ni la
troika comunitaria que nos va a empezar a sacar las alfombras a ventilar cualquier
día de estos. Andábamos de excursión, bajo una fina y persistente lluvia, camino
de Milton Academy a rendir una visita sentimental (en ese paraíso académico
transcurrió para mí buena parte del curso 1984-85) y nos llamó la atención el jolgorio
y la puesta en escena. Mientras Matías se desfogaba en los columpios, Ana y yo nos
involucrábamos crecientemente en el desarrollo del juego.
“¿Tú con quién vas?” – me preguntó
repentinamente.
“Hija, dame un poco más de tiempo
que uno no se compromete afectivamente con un equipo así como así… Los de
naranja me caen un poco mal” – dije fijándome en su pitcher, altísimo para su
edad y también altanero en los modos.
“Yo voy con los de naranja” – dijo
ella.
“Pues yo con los de verde”- dijo
él, o sea yo.
Entonces me fijé en la camiseta de
los de míos y pude leer: “Al Thomas Funeral Home” (“Al Thomas Funeraria”). Por
si no me creen, ahí va el testimonio gráfico, como dicen los periodistas
deportivos pretenciosos.
¿Y a ustedes qué les parece?
Yo recuerdo que cuando hicimos un
equipillo de fútbol en Moralzarzal, una localidad de la sierra de Madrid donde
pasé muchos veranos de mi infancia, no conseguíamos sponsor ni atados. Claro
que no se nos ocurrió ir a la funeraria.
El caso es que, con la curiosidad,
me convertí en “notario de la actualidad de Milton”, como diría otro periodista
deportivo pedante, y pregunté a un señor mayor que seguía con mucha atención
los lances del juego. Oigan que tenía yo el olfato periodístico subido: ¡el
mismísimo Al Thomas! El empresario de la muerte, digo, del Tránsito, y, para
más inri, el abuelito del número 12. Ahora ya se
entendía todo.
Al lleva años en el negocio y ha
construido toda una exitosa red de funerarias por el condado. Por lo que me
contó nadie embalsama como ellos. Mientras me explicaba el proceso – les ahorro
los detalles- le sonó el móvil. Me retiré discretamente, aunque permanecí lo
suficientemente cerca como para escuchar sus instrucciones. “No, dile a la
maquilladora que no use ese producto. Ms. Thompson fue siempre sobria…”. Me
sentía como en un episodio de Six feet
under. Cuando colgó le conté de la revista Adiós, a la que me aficioné cual pornógrafo clandestino en la
primera ocasión que tuve que acudir al tanatorio de la M30 de Madrid (si no la conocen ya están corriendo a por un ejemplar). Le
expliqué que en uno de los números que recordaba haber devorado, había una
sección de “Tanatocuentos” y que algunos eran muy meritorios.
Le fascinó la idea de editar una
publicación parecida y enseguida se puso a especular sobre sus contenidos y
título (me imagino que gracias a ese frenesí ha triunfado como empresario de la
Despedida). “Seeya [que podríamos
traducir como “Taluego” o “Talueguito”], me parece demasiado informal” -
decía. “Tal vez “So long” o “Farewell” sean más adecuados…” – pensaba Al en voz
alta.
“¿Y qué le parece “Al Thomas For Good” [“para siempre”] como título?” – le sugerí
yo.
Se quedó paralizado, musitando, “Al
Thomas For Good, Al Thomas for Good”, y pensé por un momento que acabaríamos esa tarde
melancólica en Al Funeral Home con el mismísimo Al embalsamado y en “open
casquet” (de cuerpo presente) y todos
nosotros, niños vestidos de béisbol incluidos, velándole. Pero no, salió del
trance y, bueno, no les digo más que me ha hecho una oferta en firme para ser
el director de “Al Thomas For Good”. Y tal y como veo que están las cosas me lo estoy
pensando. Y ya se me van ocurriendo algunas ideas. Para empezar, mi equipo –
los verdes- necesita un slogan, y qué mejor que convocar, en el primer número
de “Al Thomas For Good” un concurso de “Tanatosloganes”. ¿Se animan? Ahí va el mío:
“Al Thomas Funeral Home
Run to Heaven”. ¿Les gusta? ¡Seeya!