jueves, 14 de junio de 2012

BYE
¡¡Hola, hola!! Perdonar que no os hayamos escrito antes. Llegamos ayer, 19 de agosto, y tenemos todavía las maletas casi sin abrir y todo un poco empantanado. Nos recibió una lluvia fina. Menos mal que Mariana y Malcolm habían aparcado el coche cerca de la salida.
Madre mía, lo que nos queda por montar y colocar… Escribo estas líneas apresuradas simplemente para dar cuenta de que aquí estamos, bien dispuestos a vivir lo que tenga que venir, con grandes ilusiones y algunos temores e incertidumbres… Cuánto horizonte de expectativas... Nos ha dado tiempo a contratar ya el U-haul para la mudanza a nuestro apartamento en 4 Davis. ¿Cómo será? También he decidido empezar un blog de esos e iros contando aventuras y desventuras. He pensado titularlo “The Boston bloge”. Suena bien, ¿no? Ahí va el enlace:
Sigue lloviendo fino. Las mejillas se humedecen, aunque estoy a cubierto. Es raro. O tal vez no.
¡¡¡Un gran abrazo!!!
Pd. Adiós Brookline, hasta siempre a tantos y tantos amigos queridos a los que no olvidaremos. Gracias. Gracias a los que leyeron y comentaron, o sólo leyeron, o ni siquiera, pero que estuvieron presentes en el recuerdo o en la compañía de muchos días en circunstancias diversas. Adiós a las grandes cosas pero sobre todo a las pequeñas: a un beso furtivo y torpe que nos dimos en la cocina una tarde de octubre (me pillaste desprevenido); adiós al bochorno que uno experimenta en el autobús 66 cuando se sienta al fondo; adiós al tramo de bordillo donde Matías se ha subido impenitentemente camino del cole; adiós al deseo de que perdiera el equilibrio para poder cogerle la mano. Adiós. Hasta siempre. Bye.

martes, 12 de junio de 2012

CAPE

Hay lugares que imantan de forma tal que uno se va de allí a rastras. A mí me ocurrió esto en El Chaltén, en la Patagonia argentina hace ya algunos años, y más recientemente me ha pasado en el Cape (como llamamos la gente bien de toda la vida a “Cape Cod”), a donde nos llegamos el pasado fin de semana para despedirnos de Nueva Inglaterra con todos los honores. Todo, salvo los mosquitos en mi caso, invita a instalarse con el desdén de quien no tiene que preocuparse de nada porque es muy rico: el delicioso paisaje de marismas y playas infinitas, el rumor de las mecedoras en los porches, los pájaros que avivan con sus colores el cielo de azul cielo.

Un aliciente más para no retornar fue descubrir, mientras paseábamos por la Main Street de Chatham, este anuncio que figura a continuación. La Reverenda Pastora o Pastora Reverenda (no se exactamente cómo va el orden de títulos en la Iglesia Metodista) Nancy Bischoff no ha podido tener, en estos tiempos que corren, mejor tino que programar este sermón: “No Worries” (algo así como “No hay que preocuparse”).

De nuevo nos asaltan las dudas. Sea dicho para empezar que se intuye aquí, en esta estrategia de los Metodistas, una rabiosa adaptación a la época que nos tocó vivir en la que no queremos sorpresas ni perder un segundo de nuestro valioso tiempo. Me barrunto yo que la Reverenda Pastora encargó en su día a la división “Preaching Management” de Boston Consulting un proyecto para optimizar la afluencia de parroquianos, y los amigos de la dicha firma dieron con esta radiante solución. Tiene sus inconvenientes, eso sí. Como ocurre con los programas de televisión, mostrar tan claramente tus cartas puede incitar a una cierta contraprogramación que te reste audiencia. Yo si fuera el párroco de la iglesia baptista del lugar, o de la católica, contratacaría sin dudarlo: “Sermon: Vicio nefando, gastos protocolarios y altas magistraturas del Estado”, for example.

Pero volvamos a nuestros “Worries”. No nos pudimos quedar, y bien que lo lamentamos, a la homilía. ¿De qué pudo haber hablado la Prelada Pastora Bischoff? De vuelta a Boston se nos ocurrían varias alternativas que fui consignando fidedignamente para someterlas a su escrutinio:

a)   en el infierno no hace tanto calor como se dice.

b)   no es tan difícil que el camello entre por el ojo de la aguja.

c)   el mayordomo de Benedicto XVI ha perdido la memoria y los documentos.

d)   se ha encontrado petróleo en el subsuelo de Seseña.

e)   este verano no reprogramarán Verano Azul.


Mientras las anotaba, y cruzábamos el puente de Bourne abandonando, esperemos que no para siempre, esta maravillosa isla, justo cuando el sol refulgía a punto de ser engullido por el horizonte, pensaba: “¿pero de qué demonios se van a preocupar estos habitantes del Cape si resulta que ya llegaron al paraíso?” Que se lo hayan merecido o no, ay amigos, es otro cantar.


lunes, 11 de junio de 2012

LUCY (2)

"A la mujer que encontró a nuestra gata Lucy después de que se perdiera el 30 de marzo. ¡POR FAVOR DEVUÉLVANOSLA! Nosotros, nuestros tres hijos, y su hermana Tess la echamos de menos desesperadamente y ¡usted no tiene derecho a quedarse con ella!..."

Y bla, bla, bla, que si una mujer apareció conmigo por el Angell Memorial Hospital, que si el chip cantó La Traviata, y bla, bla, bla-bla-bla, bla-bla-bla, bla-bla-bla, que si la mujer puede que viva en Washington Street, que si conocen ustedes a alguien que recientemente ha “adoptado” a una Calico joven que les llamen… Y bla, bla.
Aquí Lucy de nuevo. Para volver a poner los puntos sobre las íes. Tiene guasa que entrecomillen el “adoptado”. Ellos, la familia disfuncional y desesperada, me acogieron, rescataron, protegieron, todo sin comillas, pero sin preguntar, claro. Y me instalaron el chip ese, que ya ves tú lo que prueba. Y lo de mi “hermana Tess” que me echa de menos… casi me caigo de la mecedora al leerlo. Las hermanas de Cenicienta la trataban mejor que a mí esa bruja que me tenía todo el día lamiéndole las patas.
Pues sí, que andaba yo ya un poquito cansada de la vida arrabalera y apareció este alma de Dios y me he ido con ella, de mutuo acuerdo y con los términos de nuestra convivencia muy, muy claritos: leche del 2% a discreción – no consigo quitarme estas lorzas-, arrullo 100% a demanda – mía, claro-, mecedora eléctrica con vibrador ajustado al lomo, bolas de lana nueva cada semana y tele en mi cuarto con los Aristogatos en programación permanente. De momento, la cosa funciona. Pero veremos, que al principio todo es de color rosa y una ya está muy escaldada. ¡¡Miau!!

lunes, 4 de junio de 2012

BEISBOL


La escena parecía sacada de una viñeta de Charlie Brown, el creador de Peanuts (Snoopy en nuestros pagos). Unos niños – ocho o nueve años- perfectamente ataviados y pertrechados. Un público atento como si estuviéramos en una final de las grandes ligas. Un campo de césped impoluto y líneas perfectamente trazadas. Un equipo arbitral que ni la troika comunitaria que nos va a empezar a sacar las alfombras a ventilar cualquier día de estos. Andábamos de excursión, bajo una fina y persistente lluvia, camino de Milton Academy a rendir una visita sentimental (en ese paraíso académico transcurrió para mí buena parte del curso 1984-85) y nos llamó la atención el jolgorio y la puesta en escena. Mientras Matías se desfogaba en los columpios, Ana y yo nos involucrábamos crecientemente en el desarrollo del juego.

“¿Tú con quién vas?” – me preguntó repentinamente.

“Hija, dame un poco más de tiempo que uno no se compromete afectivamente con un equipo así como así… Los de naranja me caen un poco mal” – dije fijándome en su pitcher, altísimo para su edad y también altanero en los modos.

“Yo voy con los de naranja” – dijo ella.

“Pues yo con los de verde”- dijo él, o sea yo.

Entonces me fijé en la camiseta de los de míos y pude leer: “Al Thomas Funeral Home” (“Al Thomas Funeraria”). Por si no me creen, ahí va el testimonio gráfico, como dicen los periodistas deportivos pretenciosos.

   

¿Y a ustedes qué les parece?

Yo recuerdo que cuando hicimos un equipillo de fútbol en Moralzarzal, una localidad de la sierra de Madrid donde pasé muchos veranos de mi infancia, no conseguíamos sponsor ni atados. Claro que no se nos ocurrió ir a la funeraria.

El caso es que, con la curiosidad, me convertí en “notario de la actualidad de Milton”, como diría otro periodista deportivo pedante, y pregunté a un señor mayor que seguía con mucha atención los lances del juego. Oigan que tenía yo el olfato periodístico subido: ¡el mismísimo Al Thomas! El empresario de la muerte, digo, del Tránsito, y, para más inri, el abuelito del número 12. Ahora ya se entendía todo.

Al lleva años en el negocio y ha construido toda una exitosa red de funerarias por el condado. Por lo que me contó nadie embalsama como ellos. Mientras me explicaba el proceso – les ahorro los detalles- le sonó el móvil. Me retiré discretamente, aunque permanecí lo suficientemente cerca como para escuchar sus instrucciones. “No, dile a la maquilladora que no use ese producto. Ms. Thompson fue siempre sobria…”. Me sentía como en un episodio de Six feet under. Cuando colgó le conté de la revista Adiós, a la que me aficioné cual pornógrafo clandestino en la primera ocasión que tuve que acudir al tanatorio de la M30 de Madrid (si no la conocen ya están corriendo a por un ejemplar). Le expliqué que en uno de los números que recordaba haber devorado, había una sección de “Tanatocuentos” y que algunos eran muy meritorios.

Le fascinó la idea de editar una publicación parecida y enseguida se puso a especular sobre sus contenidos y título (me imagino que gracias a ese frenesí ha triunfado como empresario de la Despedida). “Seeya [que podríamos traducir como “Taluego” o “Talueguito”], me parece demasiado informal” - decía. “Tal vez “So long” o “Farewell” sean más adecuados…” – pensaba Al en voz alta.

“¿Y qué le parece “Al Thomas For Good” [“para siempre”] como título?” – le sugerí yo.

Se quedó paralizado, musitando, “Al Thomas For Good, Al Thomas for Good”, y pensé por un momento que acabaríamos esa tarde melancólica en Al Funeral Home con el mismísimo Al embalsamado y en “open casquet” (de cuerpo presente) y todos nosotros, niños vestidos de béisbol incluidos, velándole. Pero no, salió del trance y, bueno, no les digo más que me ha hecho una oferta en firme para ser el director de “Al Thomas For Good”. Y tal y como veo que están las cosas me lo estoy pensando. Y ya se me van ocurriendo algunas ideas. Para empezar, mi equipo – los verdes- necesita un slogan, y qué mejor que convocar, en el primer número de “Al Thomas For Good” un concurso de “Tanatosloganes”. ¿Se animan? Ahí va el mío:

“Al Thomas Funeral Home
Run to Heaven”. ¿Les gusta? ¡Seeya!