Hay lugares que imantan de forma
tal que uno se va de allí a rastras. A mí me ocurrió esto en El Chaltén, en la
Patagonia argentina hace ya algunos años, y más recientemente me ha pasado en
el Cape (como llamamos la gente bien de toda la vida a “Cape Cod”), a donde nos
llegamos el pasado fin de semana para despedirnos de Nueva Inglaterra con todos
los honores. Todo, salvo los mosquitos en mi caso, invita a instalarse con el
desdén de quien no tiene que preocuparse de nada porque es muy rico: el delicioso
paisaje de marismas y playas infinitas, el rumor de las mecedoras en los
porches, los pájaros que avivan con sus colores el cielo de azul cielo.
Un aliciente más para no retornar
fue descubrir, mientras paseábamos por la Main Street de Chatham, este anuncio
que figura a continuación. La Reverenda Pastora o Pastora Reverenda (no se
exactamente cómo va el orden de títulos en la Iglesia Metodista) Nancy Bischoff
no ha podido tener, en estos tiempos que corren, mejor tino que programar este
sermón: “No Worries” (algo así como “No hay que preocuparse”).
De nuevo nos asaltan las dudas. Sea
dicho para empezar que se intuye aquí, en esta estrategia de los Metodistas, una
rabiosa adaptación a la época que nos tocó vivir en la que no queremos
sorpresas ni perder un segundo de nuestro valioso tiempo. Me barrunto yo que la
Reverenda Pastora encargó en su día a la división “Preaching Management” de
Boston Consulting un proyecto para optimizar la afluencia de parroquianos, y
los amigos de la dicha firma dieron con esta radiante solución. Tiene sus
inconvenientes, eso sí. Como ocurre con los programas de televisión, mostrar
tan claramente tus cartas puede incitar a una cierta contraprogramación que te
reste audiencia. Yo si fuera el párroco de la iglesia baptista del lugar, o de
la católica, contratacaría sin dudarlo: “Sermon: Vicio nefando, gastos protocolarios
y altas magistraturas del Estado”, for example.
Pero volvamos a nuestros “Worries”.
No nos pudimos quedar, y bien que lo lamentamos, a la homilía. ¿De qué pudo
haber hablado la Prelada Pastora Bischoff? De vuelta a Boston se nos ocurrían varias
alternativas que fui consignando fidedignamente para someterlas a su escrutinio:
a) en el
infierno no hace tanto calor como se dice.
b) no es
tan difícil que el camello entre por el ojo de la aguja.
c) el
mayordomo de Benedicto XVI ha perdido la memoria y los documentos.
d) se ha
encontrado petróleo en el subsuelo de Seseña.
e) este
verano no reprogramarán Verano Azul.
Mientras las anotaba, y cruzábamos
el puente de Bourne abandonando, esperemos que no para siempre, esta
maravillosa isla, justo cuando el sol refulgía a punto de ser engullido por el
horizonte, pensaba: “¿pero de qué demonios se van a preocupar estos habitantes
del Cape si resulta que ya llegaron al paraíso?” Que se lo hayan merecido o no,
ay amigos, es otro cantar.
Excelente, entrada. Os digo amigos que yo me compraría una casa en el Cape!
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