"A la mujer que encontró a nuestra gata Lucy después de que se perdiera el 30 de marzo. ¡POR FAVOR DEVUÉLVANOSLA! Nosotros, nuestros tres hijos, y su hermana Tess la echamos de menos desesperadamente y ¡usted no tiene derecho a quedarse con ella!..."
Y bla, bla, bla, que si una mujer apareció conmigo por el Angell Memorial Hospital, que si el chip cantó La Traviata, y bla, bla, bla-bla-bla, bla-bla-bla, bla-bla-bla, que si la mujer puede que viva en Washington Street, que si conocen ustedes a alguien que recientemente ha “adoptado” a una Calico joven que les llamen… Y bla, bla.
Aquí Lucy de nuevo. Para volver a poner los puntos sobre las íes. Tiene guasa que entrecomillen el “adoptado”. Ellos, la familia disfuncional y desesperada, me acogieron, rescataron, protegieron, todo sin comillas, pero sin preguntar, claro. Y me instalaron el chip ese, que ya ves tú lo que prueba. Y lo de mi “hermana Tess” que me echa de menos… casi me caigo de la mecedora al leerlo. Las hermanas de Cenicienta la trataban mejor que a mí esa bruja que me tenía todo el día lamiéndole las patas.
Pues sí, que andaba yo ya un poquito cansada de la vida arrabalera y apareció este alma de Dios y me he ido con ella, de mutuo acuerdo y con los términos de nuestra convivencia muy, muy claritos: leche del 2% a discreción – no consigo quitarme estas lorzas-, arrullo 100% a demanda – mía, claro-, mecedora eléctrica con vibrador ajustado al lomo, bolas de lana nueva cada semana y tele en mi cuarto con los Aristogatos en programación permanente. De momento, la cosa funciona. Pero veremos, que al principio todo es de color rosa y una ya está muy escaldada. ¡¡Miau!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario