domingo, 11 de junio de 2017

PHISHING

“Claro, la premisa es que tu discernimiento está nublado, no ves con claridad, te puede la urgencia, una cierta angustia. Y él se gana tu confianza precisamente mostrando su desconfianza ha-cia-ti. Eso te acaba de poner en sus manos”.

 



“No, no, fue todo a través de texto, por el móvil. Le interesaba, así, sin más. Joder. Y nada más colgar el anuncio. Me preguntó cómo me llamaba. Le dije y le pregunté: ¿y tú? Ernesto Solís, me dijo. Ah, y de ¿dónde eres? pregunté pensando que era latino. De California. Y ahí me extrañó porque seguimos la conversación en inglés. Yo le insistía en que teníamos que hacerlo por la mañana. El viernes sin más tardar... Que mi hijo, que si el cole. Mujer, la lista es fiable…”.

“De hecho esa noche se lo comenté a otros amigos: creo que lo he logrado. Sólo me faltaba enviarle los datos de la cuenta. Lo hice a última hora, lo demás ya lo sabía, dirección, oferta, todo... Me dio por pensar qué todo había ido muy rápido…”.

“A cada rato miraba, y nada… así toda la mañana del día siguiente…”


“Al final, frisando el mediodía recibo un texto suyo, farragoso, mal escrito, contándome que debía entrar en mi correo para completar el acuerdo. Que me incluía los gastos de envío que yo le abonaría, agárrate, 650 dólares, y que una vez completado ese pago automáticamente Pay-Pal me ingresaría en mi cuenta los 1.000 dólares acordados por los muebles. Y que revisara en mi carpeta de spam”

“Y en efecto, allí estaba el mensaje, en el spam, bien aparente con el logo y todo y con la instrucción de clicar en un enlace para “completar la operación”.






“Pero es entonces, al borde del precipicio, cuando cierras el círculo, cuando todas las piezas te encajan… cuando todo adquiere sentido: la pregunta inicial, casi ofensiva de si no le estarás tú engañando a él, manda cojones, ahora con esta perspectiva lo puedo decir y hasta reírme. El extraño nombre, la premura, sin haber visto siquiera el género… Y en el fondo pararte un momento y pensar que algo que tú vendes se ha transformado, en un extraño proceso de “nada-por-aquí-nada por-allá-dónde-está-la-bolita” en algo que tú tienes que pagar primero. Manda pelotas. Le llaman “phishing”, en el fondo una forma de desnudarte sin que te des siquiera cuenta. Y yo, chico, he estado muy, pero que muy cerca de caer en la red en pelota picada”. 


1 comentario:

  1. Por lo menos la chica del cuento de Carver lo sacó a bailar. Vamos a peor, jeje.

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