Salí del gimnasio con la prolongación de la espina dorsal entre las piernas, portando la máscara como acostumbran a hacer los esgrimistas victoriosos, aunque mi orgullo estaba herido. Por mucho que levantara la mano, y escondiera la máscara, no hubo taxista que tuviera a bien acercarme a 4 Davis Avenue. Eché a andar pensando en Sevilla, y en aquel año psicotrópico, y en lo maravilloso que sería que esos físicos del CERN hicieran de la rosquilla una máquina del tiempo para volver a ser niños y poder disfrazarnos de lo que nos sale de los protones. De “travelo”, incluso. Y poder dar vueltas corriendo sin parar, hasta que el sudor nos ahogue y nos derrote el cansancio.
Sí, nos has puesto en situación..., pero queremos ver las fotos.
ResponderEliminarSera, de verás que no tengo, una pena, si no las pondría, tenlo por seguro pues creo que el disfraz era meritorio (en muchos sentidos). De todas formas tenemos más embates de Halloween a la vista...
ResponderEliminarPablo, me parto de risa, de verdad. Tenías que dedicarte a la literatura cómica.
ResponderEliminarjajajajajajajajajajajajjajajjajajajajajajajajajajajajajajajajajajaajajajajajaj
ResponderEliminarO sea
XD XD XD XD XD XD XD XD
:D te veo, Pablo, te juro que te veo! :D
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