UPS
Sí, United Postal Service, aunque fonéticamente es la interjección
que aquí se usa para denotar que uno ha tenido un desliz, un error, un lapsus
(en inglés se escribe “oops”). Este año electoral ha habido un comentadísimo “oops”:
el del precandidato republicano Rick Perry – a la sazón gobernador de Texas- cuando,
en un debate televisado, no recordaba el nombre de la tercera agencia estatal
que cerraría si llegaba a ser presidente. Ay, ay, ay, oops, oops, oops, que ya
me voy por las ramas…
Sí que era una agencia, sí (la de UPS), adonde acudí con
el afán de empezar a organizar algunos detalles logísticos de nuestra vuelta a
la patria. Y saben lo que les digo después de mi visita: que es la UPS la que
debía tener en la cabeza el gobernador tejano. Por lo siguiente que paso a
contarles.
¿No han vivido ustedes más de una vez una aplastante
sensación de intromisión cuando entran en un establecimiento público? Ya saben,
cruzan la puertay tienen un pálpito nada más ver el geto del dependiente. Este individuo
o individua mira concentrado la pantalla del ordenador, pero es obvio, dada esa
concentración – ni la del matemático Andrew Miles cuando repensaba su fallida estrategia
para resolver el teorema de Fermat-, que lo que hay en la pantalla en ese
momento es:
a) Un “angry
bird” calculadamente catapultado en pleno vuelo hacia el monito.
b) El vídeo
clandestino de Pedro J. Ramírez en su encuentro con Exuperancia Rapú Muebake
remasterizado.
c) Las
imágenes captadas por una webcam pirata instalada en el gimnasio de la estación
de bomberos de Long Island.
A usted le ha tocado esta tarde el dudoso privilegio de
ser un OVNI (Objeto Visitante Numantinamente Impertinente). Y esto no sale
gratis.
Este OVNI que les habla tuvo la osadía de interrumpir a
Jenny, la empleada de UPS de la sucursal de Brookline, con la cósmicamente
banal pretensión de saber las tarifas y otros requisitos para mandar cajas a
España.
Jenny no quitaba ojo de la pantalla. La que sigue es una
transcripción del jubiloso intercambio, y, en cursivas, lo que Jenny en
realidad pensaba y quería decir:
Jenny: Buenas tardes, ¿de qué modo puedo ayudarle esta
tarde? (a ver si este pesado sólo quiere
un sello de 25 centavos que está a punto de declararse el sobrino Matthew).
OVNI: Sí. Yo quisiera saber qué cuesta mandar cajas, qué
modalidades de envío hay, si las cajas las debo comprar aquí…
Jenny: Depende del peso (sí hombre, cómo que te voy a ahorrar yo el trabajo de investigar online).
OVNI: Ya, ya me imagino, pero eso es precisamente lo que
quiero que me diga.
Jenny: Está todo online, en nuestra página (Diosss, Matthew, díselo ya… pesado este tipo).
OVNI: Pero seguro que con usted va ser mucho más entretenido
averiguarlo. Especialmente cuando termine de mirar lo que ocurre en esa
pantalla. Puedo esperar.
Como si le hubiera mentado a la madre. La tal Jenny me
miró, como dicen en México, con “ojitos de pistola”, y debió pensar:
Jenny: Te vas a
cagar
Sí, en ese momento la tal Jenny se transformó en una
opositora a Registradora de la Propiedad dispuesta a cantar el tema, es decir,
proporcionarme tal cantidad de información que habré deseado no haber cruzado
nunca el umbral de su territorio. Su felina sed de venganza no encontraba
límites.
Jenny: ¿Dónde es el envío? (Te vas a cagar que te voy a dar las dimensiones de las cajas y los
pesos en todos los sistemas métricos usados desde que Lucy, la australopiteca,
salió de su Etiopía natal)- dijo (y pensó) dándome la espalda.
OVNI: España, dije yo con voz trémula, como si fuera el ministro
Guindos en la reunión del Eurogrupo.
Jenny: Mmmm (Te vas
a cagar españolito que me he perdido la declaración del sobrino Matthew). En
ese momento Jenny consultó un enorme tomo y fue comprobando, uno por uno, si mi
pretensión era la de enviar alguno de los artículos prohibidos.
Tras una absurda retahíla, llegamos a un momento
climático en nuestro encuentro, cuando Jenny, con indisimulada media sonrisilla,
preguntó:
Jenny: ¿Restos humanos? (toma…)
OVNI: No, no creo que sea el caso (a lo mejor los tuyos, guapa).
Jenny: ¿Naipes? (anda,
qué curioso…).
Jenny se olvidó del último episodio de Downton Abbey, de
mi presencia incordiante, y comentó a su compañero:
Jenny: Me pregunto por qué está prohibido enviar
naipes a España.
Y entonces… entonces llegó el éxtasis para este OVNI
servidor de ustedes, pues la respuesta del colega, una respuesta dada con el
tono de quien ya fue investido como Registrador de la Propiedad con plaza en
propiedad, fue:
Colega enteradillo: En los países católicos el juego está
muy mal visto. También debe pasar con Italia.
OVNI: Toma jeroma. Éste
no se ha enterado aún dónde van a instalar Eurovegas Europa, por no decir que
desconoce el hijoputa, la brisca, el tute, el mus, la escoba, la canasta, el
dominó, la rana, la pocha, la taba, el bingo del Canoe, el casino de
Torrelodones, las cirsas, los trileros de la calle Preciados, Doña Manolita, el
cuponcito, el rasca, el gordo, el niño, la quiniela, la loto, la bonoloto… ¿Y
lo del país católico?
Todo esto lo pensaba mientras seguía en estado catatónico.
Todavía me dura.