lunes, 4 de junio de 2012

BEISBOL


La escena parecía sacada de una viñeta de Charlie Brown, el creador de Peanuts (Snoopy en nuestros pagos). Unos niños – ocho o nueve años- perfectamente ataviados y pertrechados. Un público atento como si estuviéramos en una final de las grandes ligas. Un campo de césped impoluto y líneas perfectamente trazadas. Un equipo arbitral que ni la troika comunitaria que nos va a empezar a sacar las alfombras a ventilar cualquier día de estos. Andábamos de excursión, bajo una fina y persistente lluvia, camino de Milton Academy a rendir una visita sentimental (en ese paraíso académico transcurrió para mí buena parte del curso 1984-85) y nos llamó la atención el jolgorio y la puesta en escena. Mientras Matías se desfogaba en los columpios, Ana y yo nos involucrábamos crecientemente en el desarrollo del juego.

“¿Tú con quién vas?” – me preguntó repentinamente.

“Hija, dame un poco más de tiempo que uno no se compromete afectivamente con un equipo así como así… Los de naranja me caen un poco mal” – dije fijándome en su pitcher, altísimo para su edad y también altanero en los modos.

“Yo voy con los de naranja” – dijo ella.

“Pues yo con los de verde”- dijo él, o sea yo.

Entonces me fijé en la camiseta de los de míos y pude leer: “Al Thomas Funeral Home” (“Al Thomas Funeraria”). Por si no me creen, ahí va el testimonio gráfico, como dicen los periodistas deportivos pretenciosos.

   

¿Y a ustedes qué les parece?

Yo recuerdo que cuando hicimos un equipillo de fútbol en Moralzarzal, una localidad de la sierra de Madrid donde pasé muchos veranos de mi infancia, no conseguíamos sponsor ni atados. Claro que no se nos ocurrió ir a la funeraria.

El caso es que, con la curiosidad, me convertí en “notario de la actualidad de Milton”, como diría otro periodista deportivo pedante, y pregunté a un señor mayor que seguía con mucha atención los lances del juego. Oigan que tenía yo el olfato periodístico subido: ¡el mismísimo Al Thomas! El empresario de la muerte, digo, del Tránsito, y, para más inri, el abuelito del número 12. Ahora ya se entendía todo.

Al lleva años en el negocio y ha construido toda una exitosa red de funerarias por el condado. Por lo que me contó nadie embalsama como ellos. Mientras me explicaba el proceso – les ahorro los detalles- le sonó el móvil. Me retiré discretamente, aunque permanecí lo suficientemente cerca como para escuchar sus instrucciones. “No, dile a la maquilladora que no use ese producto. Ms. Thompson fue siempre sobria…”. Me sentía como en un episodio de Six feet under. Cuando colgó le conté de la revista Adiós, a la que me aficioné cual pornógrafo clandestino en la primera ocasión que tuve que acudir al tanatorio de la M30 de Madrid (si no la conocen ya están corriendo a por un ejemplar). Le expliqué que en uno de los números que recordaba haber devorado, había una sección de “Tanatocuentos” y que algunos eran muy meritorios.

Le fascinó la idea de editar una publicación parecida y enseguida se puso a especular sobre sus contenidos y título (me imagino que gracias a ese frenesí ha triunfado como empresario de la Despedida). “Seeya [que podríamos traducir como “Taluego” o “Talueguito”], me parece demasiado informal” - decía. “Tal vez “So long” o “Farewell” sean más adecuados…” – pensaba Al en voz alta.

“¿Y qué le parece “Al Thomas For Good” [“para siempre”] como título?” – le sugerí yo.

Se quedó paralizado, musitando, “Al Thomas For Good, Al Thomas for Good”, y pensé por un momento que acabaríamos esa tarde melancólica en Al Funeral Home con el mismísimo Al embalsamado y en “open casquet” (de cuerpo presente) y todos nosotros, niños vestidos de béisbol incluidos, velándole. Pero no, salió del trance y, bueno, no les digo más que me ha hecho una oferta en firme para ser el director de “Al Thomas For Good”. Y tal y como veo que están las cosas me lo estoy pensando. Y ya se me van ocurriendo algunas ideas. Para empezar, mi equipo – los verdes- necesita un slogan, y qué mejor que convocar, en el primer número de “Al Thomas For Good” un concurso de “Tanatosloganes”. ¿Se animan? Ahí va el mío:

“Al Thomas Funeral Home
Run to Heaven”. ¿Les gusta? ¡Seeya!

4 comentarios:

  1. ¡Qué cosas te pasan! Lo malo de tu regreso al purgatorio hispano (usando un símil mortuorio)será dejar de divertirme con este fantástico Boston Bloge que me ha acompañado durante meses... Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Alvaro (sorry no tildes) que bonito comentario. Gracias.
    Aunque mi equipo sigue siendo los naranjas qui va mi Tanatoslogan: 'With Al forever'

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Sí que impresiona ese "memento mori" en la espalda de los inconscientes infantes, como queriendo decir: antes o después necesitareis Al Thomas ese. Todos somos materia prima. Un colega de Al decía: Es un niño muy adelantado. Sólo tiene dos años y ya está muerto.
    Pero por muy bien que le vaya el negocio a mister Thomas no creo que pueda superar el record madrileño de Funespaña: compraron la empresa por cien pesetas y la vendieron por quince mil millones.
    Un abrazo para ti, Ana y Matías.

    ResponderEliminar