domingo, 22 de enero de 2012

HYPERTEXT


Habrán notado, y espero que apreciado, que en esta bitácora no he incluido todavía un enlace a ninguna otra localización cibernética, eso que ahora vaporosamente empezamos a llamar “the cloud”, el ancho mundo de los muchos otros lugares en la malla donde localizar contenido textual o visual. No digo que esté mal hacerlo, pero sí me parece que, como tantas otras cosas, su abuso es pernicioso. A mí me ocurre, no sé a ustedes, que siendo de natural disperso, los hipertextos, es decir, estas páginas con recurrentes agujeros negros con los que irse de excursión, me distraen y me acaban agotando. Siendo de natural también curioso, no tengo límites, y cada uno de esos hipertextos me acaba produciendo el atracón que a otros les produce una buena pastelería: soy insaciable y a veces el viaje nunca me devuelve al punto de origen. Por otro lado, no siempre el pastelito al que nos hemos tirado al clicar uno de los muchos enlaces resultaba tan apetitoso. Y al regresar al que estábamos devorando, siempre ocurre, en mayor o menor medida, que se nos ha ido un poco el gusto, o sea, el hilo. Dicho todo lo cual, es muy de agradecer que quienes nos regalan con la generosidad de sus escritos, nos proporcionen también el tránsito a esas carreteras secundarias que nos permiten disfrutar de otros lugares interesantes fuera de la ruta principal.

Hoy voy a incumplir mi autoimpuesta consigna simplemente a modo de ilustración de lo que quiero advertir, como una especie de ejercicio imaginario de lo que hubiera podido ser y (afortunadamente) no fue, o de lo que puede llegar a ser el vehículo de nuestra expresión futura, nuestro modo de referirnos al mundo exterior o a lo que sentimos. Tomemos el final de La colmena, de Camilo José Cela:

“La mañana sube, poco a poco, trepando como un gusano por los corazones de los hombres y de las mujeres de la ciudad; golpeando, casi con mimo, sobre los mirares recién despiertos, esos mirares que jamás descubren horizontes nuevos, paisajes nuevos, nuevas decoraciones.

La mañana, esa mañana eternamente repetida, juega un poco, sin embargo, a cambiar la faz de la ciudad, ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena…”.

A continuación, de esa misma reflexión, la versión hipertexto-multimedia-estos son mis sentimientos-y te los expongo-con multirecursos, de manera concisa y sin rodeos:

“¿Qué como me siento hoy?... Puaff, pincha aquí.

Y mira:


La vida es como una cucaña de esas…”.
¿Qué versión prefieren?

Pd. Podría poner muchos ejemplo de abusos hipertextuales, pero no he querido traicionarme remitiéndoles a ellos con ese mismo recurso. Seguramente ustedes ya tienen experiencia dilatada con esos textos, y, si no, les invito a que ustedes mismos descubran esos lugares, sin intermediarios resaltados en azul, o sean atraídos y luego engullidos durante la navegación en el universo internetiano, que también tiene su encanto.

9 comentarios:

  1. Pablo, a propósito de esta entrada Leli y yo también experimentamos incomodidad por los abusos hipertextuales y por la prevalencia de las imágenes sobre unas buenas palabras (como pone de manifiesto tu ejemplo).

    Además esto me ha recordado un librito de Tim Berns-Lee (uno de los padres fundadores de Internet) en que leí sobre los comienzos de la Red.Tim resalta cómo uno de los ingredientes novedosos del invento fue precisamente el hiperenlace: la piedra angular de la multi-malla-mundial, la www o simplemente la Web. Esta arañosa tela que nos agota en tantos surfeos.

    P.D. Aprovecho para sugerir una próxima entrada en The Boston Bloge sobre la nieve bostoniana, que en Madrid el invierno no está haciendo honor a su nombre y sólo fugazmente la sierra se vistió de blanco hace una semana.

    Un abrazo, Rafa

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    1. Rafa, Leli, habrá que esperar. Aquí el tiempo está tan loco como el sistema tributario. Anteayer la ciudad nevada copiosamente y 10 bajo cero y hoy en mangas de camisa (sin exagerar). Abrazos...

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  2. Me impuse hace tiempo la misma norma querido amigo, ahora sólo hipertextualizo para que mis inconscientes lectores hallen a personas cómo tú y como hay pocas lo utilizo muy de cuando en cuando...
    Abrazo

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    1. Álvaro, bien tentado que estuve de poner turbutopia como ejemplo de buenas prácticas intertextuales, pero nos hubieran llamado mariq..tas o algo peor...

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  3. De acuerdo contigo, Pablo. Pero el ejemplo quizás esté un poco descompensado. Sin desmerecer a Cela, qué pasa si esa cucaña está en un cuadro del Bosco (La vida es como un carro de heno...). A veces es verdad que una imagen vale más que mil palabras.
    Para disfrutar con el lenguaje, como con el patinaje, o tocando un instrumento musical, hay que haber desarrollado tempranamente ciertas habilidades. Mucha gente encuentra trabajoso leer no ya un libro, sino algunas páginas seguidas. Pero, como ocurre con los grafitis, son precisamente los analfabetos funcionales los que encuentran mayor placer en poner su nombre o su imagen por todas partes. Ese cacareo autoafirmativo transforma Internet en un universo inflacionario.

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  4. Sí, Serafín, la advertencia no era tanto a huir de las imágenes cuanto a reivindicar que no se nos traigan todos los platos de golpe, por decirlo así, sean estas expresiones textuales o visuales, que podamos ir degustando poco a poco sin continuas llamadas de atención hacia otros sitios. En el fondo, esto es un clásico conocido: ocurría - y ocurre- con las notas a pie de página en algunos textos... En fin, quería compartir esta sensación que he tenido recientemente al leer en otro blog que sigo un muy interesante análisis de un afamado historiador de la economía que profesa por aquí, un análisis "inflado" de referencias y links que me acabó hastiando un poco, la verdad.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Sabes que yo tengo también el vicio de las citas, aunque sólo castigo con ellas a algunos amigos. He leido dos aforismos de Albeert Brie que pueden aplicarse a muchos blogs (y libros) con pretensiones. Uno dice: Concedido que la palabra es el vehículo del pensamiento, pero algunos parlanchines fletan el arca de Noé para transportar una pareja de pulgones.
      Y otro: Hay quien ve profundidad donde sólo hay superficialidad con un gran espesor.

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    3. Hay un vicio de las citas y por supuesto el arte de citar. En lo segundo eres un maestro consagrado. Me las guardo las dos, aunque por contundencia y fuerza visual me quedo con la primera.

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