domingo, 5 de febrero de 2017

GREASE

"¡Matías!, representan Grease en el BHS (Brookline High School). ¿Vamos?"
"Vale"
"Pues venga"
Dicho y hecho. Ayer tarde-noche allá que nos fuimos.
Grease... Creo que fue una de las primera pelis "de mayores" que vio Matías. 
¿Se acuerdan? Yo debía tener poco más que él ahora cuando la vi en el cine, allá por el 80. Todavía me acuerdo de lo mucho que se estilaron aquellos pantalones ceñidos, la camiseta de hombreras desvaídas que se marcó la Newton John en el número final y el baile tipo azafata-señalando-las-salidas-de- emergencia de la cuadrilla de Travolta en el garaje. En la tele proliferaban las imitaciones de la pareja y yo esperaba la salida de la revista Super Pop para hacerme con las pegatinas de los personajes.
¿Cómo harían hoy estos chic@s del BHS el musical? Las cosas han cambiado mucho desde aquellos inicios ochenteros (y no digamos ya desde la década de los 50 que el musical representa). La historia es heteropatriarcado a calzón quitado (nunca mejor dicho) y no hay numerito que no contenga un micromachismo. Les refresco la memoria: Danny Zuko (Travolta) ha tenido un amorete de verano con una australiana mojigata (Sandy Olsson, Olivia Newton-John) pero resulta que se reencuentran en el instituto Rydell. Danny es el líder de los T-Birds (bien podrían ser los T-Vultures, o "los Buitres de Moratalaz" si la cosa discurriera en el Juana de Castilla), una pandilla de pésimos estudiantes, pletóricos de testosterona y brillantina, afanados en follar y conducir (y a ser posible las dos cosas a la vez) en coches cuanto más estridentes y ruidosos mejor. Ellas, por su parte, son las Pink Ladies, preocupadas fundamentalmente de pelos, tetas y uñas, recelosas de, pero a la vez poseídas por, los despliegues zafiamente masculinos pero irresistiblemente encantadores de los T-Birds. Sandy no reconoce a este Danny Zuko, que fue un caballero en la playa pero ahora es "un tío de la calle", como diría Leo, uno de los mejores amigos de Matías. Sandy es acogida por las Pink Ladies, que la consuelan pero también instigan, sobre todo las más descarriadas, a iniciar el viaje hacia la madurez afectiva (lo puedo decir tipo T-Birds pero sé que me leen también niños). Y sí, tras varios avatares sobre los que no viene al caso pormenorizar ahora, Sandy se acaba "empoderando", como diríamos con la jerga que nos toca hoy, pero, eso sí, a base de convertirse en un putón verbenero por un día (el día de la fiesta de fin de curso cuando se produce la epifanía entre el tiro al blanco, el punching ball y los coches de choque mientras suena "You are the one that I want, u, u, u, honey").
Bueno, esta es mi lectura apresurada que seguramente no hace justicia a los muchos otros mecanismos de propagación del patriarcado presentes en el film. Me sorprendería, así, por un poner, que no haya alguna antropóloga cultural o filósofa queer que lea en la escena del "tuneamiento" del coche en el garaje toda una metáfora de la preparación para la violación colectiva masculina (rememoren ese motor entre las piernas de Travolta, descendiendo del cielo, esos movimientos pélvicos, el coche en sí como un falo flagrante... un cristalino llamamiento a la subyugación de "las idénticas"). Nota: si a algun@ no se le había ocurrido le cedo el "descubrimiento" sin royalties; eso sí, quiero crédito en el Post-Structural Journal of Gender Studies de turno donde aparezca. 
Entonces vuelvo a mi pregunta inicial, que me corroía desde el viernes noche: ¿cómo representarían Grease los chic@s del BHS, el instituto más orgullosa y conscientemente diverse, progressive, alternative, sustainable y sensible en millas a la redonda? ¿Qué sería de la escena en la que Zuko le intenta meter mano a Sandy mientras están en el drive-in? Recuerden que lo hace así, a las bravas, sin hablarlo previa y concienzudamente, como ahora se propende a que se haga en muchos campuses de este país ("¿has valorado la posibilidad de que te acaricie un seno? ¿cómo debemos afrontarlo y pensarlo después?"), ni formulario "sí es sí" ("si quieres que iniciemos una conversación sobre ello y luego ponerlo en práctica, firma aquí y aquí, Sandy, donde la cruz"); no, Danny-buitre recurre al viejo expediente de "te paso el bracete por detrás de la butaca y a ver si cuela". 
Mi curiosidad malsana no dejaba de tener fundamento: hace dos semanas asistíamos en este mismo auditorio a un concierto de grupos corales de estudiantes. Y, bueno, por lo que resultaba evidente habían separado a los grupos en masculinos y femeninos. O eso creía hasta que la portavoz de uno de esos grupos (que por lo que parecía desde la distancia de mi butaca estaba compuesto por chicas) anunció su grupo como "gender-fluid".
Así que, con esos antecedentes, no habría de sorprender que en el programa que nos distribuyeran a la entrada de la representación se incluyera un trigger warning (recuerden que en Grease hay un embarazo adolescente); para los no versados, es una de esas advertencias que se incluyen ahora obligatoriamente en muchos cursos en los que la temática aborda asuntos que pueden recrear traumas en el estudiante (si van a leer, pongamos, Tiempo de Silencio en un curso de Literatura española contemporánea, o una sentencia de violación en Derecho Penal o incluso Huckleberry Finn). ¿Habría un safe space junto al puesto de palomitas donde poner en común nuestro malestar y consolarnos, como hacen ahora en algunas facultades cuando vienen conferenciantes "incómodos, provocadores o que simplemente van a cuestionar la hegemonía neoliberal"?
Y en cuanto al musical, rumiaba yo que a lo mejor se iba a convertir, en las manos del adaptador del BHS, en algo así: Danny Velasquez es un cubano-americano de primera generación que ha pasado el verano en Myrtle Beach (South Carolina) sufriendo micro-agresiones constantes: su cobrizo tono de piel ha provocado que, cotidianamente, los lugareños - todos ellos orgullosamente WASP- le preguntaran por sus orígenes, y esto, aunque no inicialmente, pero sí por acumulación, como las picaduras de los mosquitos, ha acabado por minar su autoestima y su sentido de pertenencia. Danny ha nacido con los caracteres sexuales secundarios que, socialmente interpretados y configurados, asignan a los individuos el género masculino (y con ello todo un conjunto de privilegios y herramientas para la explotación). Danny está en el trance de reasignarse su identidad de género cuando conoce a Sandy Mendelson, una judía atea, pescatarian, que se confiesa pansexual y gender-non-conforming. Sandy le ayuda en su "transición" y poco antes de despedirse celebran un entrañable ritual en la playa, aprovechando una noche de luna llena, en el que Danny abandona definitivamente el pronombre "he" y pasa a ser referido como "zie" y ya nunca más como "Latino" sino como "Afro-Caribbean-American". Cuando la llama de un amor post-capitalista parece prender, tienen que separarse. 
Danny y Sandy se reencuentran sorpresivamente en el instituto Rydell. Danny se ha enrolado en el grupo de estudiantes que luchan por acabar con las explotaciones de fracking en las montañas de Kentucky, mientras que Sandy está comprometida con el SAWCA (Students for the Abolition of the Western Canon in Academia). Sandy y su grupo han logrado que en la asignatura de Calculus se amplíe el curriculum para incluir la aritmética ancestral de ciertas tribus polinesias. Últimamente pugna por sustituir el estudio de los retratos de Sargent en Historia del Arte Norteamericano. Su propuesta alternativa - analizar las expresiones artísticas que dejan los presidiarios en las letrinas de las cárceles de Centroamérica- no suscita consenso entre sus correligionari@s. Algun@s la tildan de colonial. Otr@s de postcolonial. Con esa frustración, a la que se suma el constante dudar de Danny sobre su posible proyecto parental y familiar poliamoroso, vive desencantada. Enterada de que Danny va a acudir a una concentración ante la sede de una importante empresa de ingeniería genética para protestar contra la distribución de arroz dorado en Sri Lanka, se disfraza de mazorca con la ayuda de varias miembr@s de su grupo, y reconquista el corazón de Danny. 
Con ese come-come especulativo anduve toda la mañana de ayer mientras hacía las labores propias de mi cis-género. Y así nos llegamos en el T (sin Birds) hasta el BHS. Y no di ni una. Ni trigger warning ni zarandajas. Y lo pasamos bomba el Matías y yo. Y salimos del recinto bailando cuales azafatas señalando las salidas de emergencia. Hasta me ha pedido gomina esta mañana, el tío... 
Esta noche repasamos El Segundo Sexo
Uh, uh, uh, honey... The one that I love... uh, uh, uh

1 comentario:

  1. ¡Me parto de risa!

    Muy aguda la autopsia del cadáver... ¡que sin embargo estaba vivo! Ese anticlímax es el mejor remate posible.

    ¡Más!

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